La guerra de Irán altera el rumbo de un Trump urgido por su baja popularidad

“Después de que terminemos de derrotar a Irán, que está siendo derrotado de forma contundente, muy pronto declararé el estrecho de Ormuz territorio de Estados Unidos”, aseguró el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, este viernes durante un mitin político en la academia de policía en Long Island, cerca de Nueva York, donde sacó pecho por la caída de la criminalidad en el último año. “En esencia, eso es lo que es. Tenemos el bloqueo. Ningún barco puede pasar a menos que nosotros queramos”, agregó el líder republicano, recordando que la vía marítima es un punto esencial para el comercio mundial. Las autoridades iraníes respondieron que “Ormuz no se puede tomar con un tuit”. Unas horas antes, fuerzas iraníes atacaron dos petroleros de Abu Dabi para confirmar que el tránsito por el estratégico paso del golfo Pérsico es peligroso y sigue prácticamente bloqueado. Los datos de seguimiento de buques reflejan que apenas está pasando una docena de barcos al día por el estrecho, en comparación con los cerca de 150 antes de la guerra.

Convertir el estrecho de Ormuz en territorio estadounidense es la enésima amenaza de Trump sobre Irán desde que inició la guerra, el pasado 28 de febrero. El mandatario republicano acostumbra a lanzar bravatas contra el régimen iraní como medida de presión para avanzar en las negociaciones. Parece desesperado por escapar de una guerra que inició pese a las advertencias de sus principales asesores.

Casi seis meses después del comienzo de los bombardeos sobre Teherán, el inquilino de la Casa Blanca está en un atolladero de difícil salida, con dificultades operativas por el rápido desgaste del arsenal militar estadounidense, y el agotamiento de las fuerzas desplazadas a Oriente Próximo, simbolizado en las malas condiciones que sufre la tripulación del portaviones USS Abraham Lincoln. Además, es incapaz de controlar el relato de que va ganando la guerra, empañado por el episodio de su salida de Turquía tras la cumbre de julio de la OTAN mediante un subterfugio que incluyó el cambio de avión mediante un contenedor de catering, y dejando como señuelo a funcionarios y periodistas. Pese a ello, este viernes dijo desafiante que “jamás se disculparía” por haber emprendido el ataque contra Irán.

Irán se ha convertido en el gran problema doméstico de Trump. A tres meses de las elecciones de mitad de mandato, su nivel de aprobación en las encuestas es el más bajo para un presidente antes de estos comicios, que serán determinantes porque, si los republicanos pierden el control de la Cámara de Representantes, los demócratas endurecerán su oposición y levantarán un muro contra las políticas de Trump, que convertirá en un infierno político sus dos últimos años de mandato.

Trump asegura que declarará el estrecho de Ormuz “territorio de EE UU”

El presidente Donald Trump camina desde el Marine One para embarcar en el Air Force One, el viernes 14 de agosto de 2026.Foto: AP Foto/Julia Demaree Nikhinson

Hundido en las encuestas

La última encuesta de Ipsos, de principios de agosto, mostró que solo un 35% de los estadounidenses aprueba su desempeño, el nivel más bajo durante todo su mandato en la Casa Blanca. Un sondeo reciente de CNN concluyó que el 74% de los estadounidenses, incluido cerca del 43% de los republicanos, manifiesta que la guerra en Irán no había valido por las consecuencias financieras y las bajas estadounidenses. La investigación de Ipsos revela que, por primera vez en una década, los votantes confían más en los demócratas para gestionar la economía.

Trump lleva semanas recorriendo Estados Unidos presumiendo de su gestión económica. Pero la crisis de asequibilidad o del coste de la vida no se compadece con su discurso. Los precios —la inflación escaló al 3,4% el pasado julio crecen más que los salarios y los ciudadanos siguen perdiendo poder adquisitivo. El galón de gasolina, uno de los indicadores clave para la salud de la economía de las familias, está por encima de los cuatro dólares, un 35% más que antes de la guerra. En un país extenso, donde se recorren largas distancias en coche, el encarecimiento de los combustibles es un destacado asunto de política nacional.

Así que esta semana Trump ha dejado de hablar sobre la marcha de la economía para centrarse en la seguridad y en la reducción de los índices de criminalidad, mientras intenta inundar la conversación con temas intrascendentes para ocultar su fiasco en Irán, como los supuestos actos vandálicos de la piscina reflectante de Washington, poner su nombre al gran centro artístico de la capital, o la reforma del salón de baile de la Casa Blanca.

Mientras tanto, cada día se van conociendo más detalles de las dificultades que sufre a consecuencia de la guerra contra Irán. Esta semana se ha conocido que Trump cambió de avión escondido en un contenedor de catering para salir de Turquía ante una supuesta amenaza iraní contra el Air Force One, el avión presidencial.

Escondido en un contenedor de ‘catering’

El episodio, digno de una película de espías, supone un golpe para la imagen de fortaleza que quiere transmitir el líder republicano y abre una nueva crisis política por la decisión de dejar a periodistas y funcionarios que le acompañan como señuelos sin informarles del riesgo que corrían.

El suceso se produjo el pasado 8 de julio cuando Trump se disponía a abandonar Ankara, la capital turca, donde había participado en una cumbre de la OTAN. Los servicios secretos, con información proporcionada por espías israelíes, detectaron una amenaza creíble sobre el presidente y organizaron un plan de huida que requería montar una farsa. Para ello cambiaron el flamante Air Force One regalado por Qatar, valorado en unos 400 millones de dólares, por el anterior avión presidencial sustituido hacía apenas un mes tras cuatro décadas de servicio. El cambio suscitó las primeras sospechas, pero Trump justificó que era “por los viejos tiempos”. Y agregó: “Por nostalgia, llevaremos el antiguo Air Force One desde Turquía hasta Mildenhall [en Reino Unido], un viaje corto que sin duda vale la pena para que nuestros grandes héroes militares puedan apreciar esta hermosa incorporación a la flota de la Fuerza Aérea”.

Para culminar el engaño, diseñado con el fin de que la supuesta amenaza iraní desconociera su ubicación exacta, Trump subió las escaleras del avión presidencial y saludó como de costumbre. Una vez dentro, los servicios secretos lo sacaron por el otro lado del avión a través de un contenedor de catering que lo llevó a otra aeronave sin distintivo ni señalización, donde realizó el viaje hasta la base militar británica de Mildenhall. Una vez allí, regresó en secreto al Air Force One y descendió las escaleras simulando que había realizado el viaje en ese avión.

Aunque no es la primera vez que un presidente estadounidense cambia de avión para evitar una amenaza, es inédito que lo haga sin avisar a los periodistas y funcionarios que le acompañan, cuyas vidas podían estar en peligro. El caso ha supuesto un revés para la imagen del presidente, que aparece vulnerable ante los riesgos de la guerra a pesar de su insistencia en presumir que Estados Unidos va ganando el conflicto y que ha acabado con todas las capacidades militares del régimen islamista.

Escasez del arsenal militar

Más allá de este episodio, Washington se está replanteando su estrategia en Irán porque su arsenal militar empieza a escasear. Varios informes advierten sobre la disminución de misiles de largo alcance y misiles interceptores Patriot. Desde que estallaron las hostilidades en Oriente Próximo, el ejército estadounidense ha consumido casi un 80% de su inventario de estos proyectiles decisivos para la guerra, según un informe publicado por la cadena CNN.

La situación, que ha provocado duros reproches de Trump al secretario de Defensa, Pete Hegseth, está trastocando los planes de Estados Unidos, que ahora se decanta por una estrategia de asfixia económica sobre Irán como medida de presión para que negocie. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció este viernes que Estados Unidos ultima medidas de presión económica “sin precedentes” sobre Irán. El responsable económico estadounidense aseguró que someterán al régimen islamista a “un aislamiento económico como nunca antes se ha visto en el mundo”. Y agregó: “Será una combinación de aislamiento económico como nunca antes se ha visto en el mundo y el bloqueo continuo del estrecho de Ormuz, que impedirá que cualquier cosa entre o salga de los puertos iraníes”.

Arrecian las voces que admiten que Estados Unidos no puede derrotar a Irán. “El conflicto ha revelado importantes deficiencias militares en el poder naval estadounidense y ha exacerbado las tensiones dentro del sistema de alianzas de EE UU”, señala Bruce Jones, investigador del Brookings Institute. “Aún es pronto para predecir con certeza el resultado de la guerra, pero Estados Unidos está más lejos de alcanzar sus objetivos de lo que la Administración Trump ha estado dispuesta a admitir”, apostilla William A. Galston, del Centro para la Gestión Pública Eficaz (CEPM).

Es una guerra declarada sin la autorización del Congreso por primera vez en el siglo XXI. Y eso, a pesar de que la Administración Trump ha reclamado a los legisladores que le amplíen el presupuesto para afrontar los costes de la operación militar. La frágil mayoría republicana y el descontento por la falta de permiso parlamentario e información alejan la posibilidad de que los congresistas abran el grifo para financiar un conflicto que no han autorizado.

Agotamiento de las tropas

La retirada del portaviones USS Abraham Lincoln desplegado en el golfo Pérsico tras destaparse las malas condiciones que sufre la tripulación es otra de las señales de la mala gestión de Washington con el conflicto contra Irán. La denuncia de varios senadores demócratas que advierten de problemas de salud mental entre los marineros, desabastecimiento, problemas en el sistema de desagüe, moho y complicaciones en las comunicaciones pone de manifiesto el agotamiento de las tropas tras seis meses de guerra. Pese a ello, Trump aseguró en modo desafiante que “el despliegue no fue ni de lejos demasiado largo”.

Sin embargo, la paciencia de los estadounidenses comienza a agotarse tras 169 días de una guerra que, según Trump, iba a durar cuatro o cinco semanas. El secretario general de la Marina, Hung Cao, desmintió los problemas de indisciplina en el portaviones, pero admitió las incidencias: “Se trató un pequeño número de casos de salud mental, sin que se produjera ninguna pérdida de vidas”. Y reconoció: “Se ajustaron los planes de alimentación cuando no hubo posibilidad de reabastecimiento de productos frescos, sin que faltara ni una sola comida. Las llamadas a casa se limitaron cuando la amenaza operativa era demasiado elevada”.

Al fin y al cabo, el problema político de Trump en Irán, como señala Peggy Noonan en su columna en The Wall Street Journal, “no es solo que el conflicto sea peligroso y esté sin resolver, o que sus intentos de alcanzar una solución diplomática parezcan poco meditados, sino que, tras casi seis meses, parece totalmente desbordado, como alguien que no se habría metido en eso si hubiera entendido la historia o la naturaleza de los dirigentes iraníes”.

Elpais News