La era de las carreteras ‘pensantes’
Durante gran parte del siglo pasado, la gran transformación de las carreteras españolas tuvo lugar de una forma material y muy visible: construir y expandir. Levantar una red capaz de acercar territorios y reducir distancias, de la mano de la modernización económica y social (véase el boom de las vacaciones en la playa y las segundas residencias) de un país que cambiaba a gran velocidad. La autopista era entonces símbolo de progreso y promesa de conexión. Lograron algo que hoy damos por hecho: que las personas y las mercancías llegaran a destino en tiempo y forma. Y siempre un poquito más, más lejos.
La próxima revolución será menos resplandeciente, pero igual de profunda. El cambio beberá de las nuevas capacidades de la red que, como si de un organismo vivo se tratase, aprenderá cosas inimaginables hasta ahora. Por ejemplo: la carretera hablará con los vehículos (conectados y cada vez más inteligentes) y contribuirá, como si de un agente benéfico se tratase, a combatir el desafío medioambiental, una relación, la de autopista-amenaza climática, inédita e impensable hace unas décadas.
Tecnologías que ya se usan en las autopistas
El primer peaje sin marquesinas
El sistema de peaje ‘free flow’ ahonda en esa nueva forma de entender la carretera: adiós a las marquesinas, las colas y las paradas, y hola a una circulación más fluida en la que las cámaras detectan la matrícula y el pago se realiza de manera automática. Abertis es pionera en el uso de esta tecnología, que funciona desde 2024 en la autopista francesa Aire de Bosgouet (en la imagen), y con la que también se han llevado a cabo experiencias en Virginia (EE UU), Chile y Puerto Rico.
Pagar sin detenerse
Aminorar la marcha, detenerse y sacar el brazo por la ventanilla. Esta pequeña rutina casi costumbrista pronto pasará a ser un recuerdo. AWAI es una app gratuita desarrollada por Abertis que posibilita el pago automático del peaje, vía bluetooth y sin necesidad de efectuar una parada, lo que reduce los tiempos de espera y agiliza el viaje. Según la compañía, este sistema se puede usar ya en autopistas como la C-32 (o de Pau Casals, situada en Barcelona), los túneles de Vallvidrera (Barcelona) y las AP-68, AP-6, AP-51 y AP-61, entre otras.
Pavimentos reciclados
Abertis está dando un nuevo uso a los materiales que hasta hace poco terminaban convertidos en residuos. Uno de los ejemplos más claros es el RAP (Reclaimed Asphalt Pavement), el asfalto recuperado de pavimentos antiguos que puede incorporarse a nuevas mezclas para construir y renovar carreteras. De hecho, en 2024 Abertis recuperó el 86% de los residuos que generó, lo que propició una reducción del uso de nuevas materias primas y una disminución de huella ambiental asociada a las obras de conservación de las vías.
IA para lograr los cero accidentes
En el Future Road Lab de Abertis (en la imagen), el gran espacio de experimentación de la compañía, se han concretado proyectos como Roads Management Insights, desarrollado con Google Cloud y probado en la C-32 de Barcelona, que utiliza IA y datos para anticipar congestiones y riesgos. En paralelo, el certamen Abertis Global Challenge impulsa y premia anualmente a aquellas startups que contribuyan con sus soluciones al objetivo de los cero accidentes.
Es una misión enorme, a largo plazo, que se desplegará poco a poco en los próximos 50 años. Así lo cree José Aljaro, CEO de Abertis, el primer operador de autopistas de España y uno de los actores que ha contribuido a la interconexión territorial del siglo pasado: “El gran reto que tendremos por delante será transformar las autopistas en infraestructuras inteligentes, resilientes y sostenibles, capaces de responder a las nuevas necesidades de la sociedad y los territorios”.
Carreteras pensantes
Para abordar este reto, la propia definición de lo que es una carretera ha de mutar. Es ahí donde nace el concepto de carretera inteligente: una vía que deja de ser un elemento silencioso y empieza a participar activamente en la gestión de la movilidad. “Una infraestructura inteligente es aquella que deja de ser un elemento pasivo y empieza a comportarse como un sistema capaz de observar, interpretar y actuar”, explica Antonio Durán, responsable global de Innovación de Abertis. Para quien viaja, el cambio puede resultar imperceptible. Sus efectos, sin embargo, serán muy concretos: la carretera será capaz de detectar si un tramo presenta un riesgo para la conducción, advertir de incidencias antes de que el conductor se tope con ellas o ayudar a decidir qué puntos es necesario reforzar con efectivos humanos.
Por eso las autopistas están empezando a incorporar un nuevo sentido: el oído. Las carreteras escuchan. Bajo la superficie, en estructuras como puentes y taludes, o en distintos puntos de una vía, los sensores que poseen y que se están instalando ya permiten recoger información constante sobre el estado de la infraestructura y su entorno. A esa información se suman datos sobre tráfico, meteorología o incidencias anteriores. Y esos datos, procesados por los agentes y las tecnologías adecuadas, son una mina de oro para tomar decisiones más rápidas y eficaces.
“Las carreteras inteligentes están permitiendo pasar de una gestión basada principalmente en la inspección periódica y la reacción ante incidencias a una mucho más predictiva”, detalla Durán. La inteligencia artificial, el cáliz del que bebe todo avance tecnológico actual, permite encontrar patrones en esa enorme cantidad de información que recaban las autopistas para así anticipar necesidades de mantenimiento o situaciones de riesgo. “Para explicarlo de forma sencilla, es parecido a lo que ocurre con la medicina preventiva: cuanto antes detectas una señal de alerta, más fácil es evitar que se convierta en un problema mayor”, ejemplifica Durán. Esa lógica resume uno de los grandes cambios de esta movilidad que está por venir: actuar con margen, cuando todavía existe una oportunidad para evitar una incidencia.
Seguridad vial, prioridad número uno
La seguridad vial es probablemente el terreno donde esta transformación tiene más peso. El objetivo de reducir la siniestralidad depende de la combinación de mejores infraestructuras, más y mejor experiencia operativa y sistemas capaces de detectar riesgos antes de que se conviertan en accidentes. “Hay que asumir que ninguna víctima en carretera es aceptable y que debemos utilizar todas las herramientas disponibles para seguir reduciendo la siniestralidad en las vías que gestionamos en todo el mundo”, sintetiza José Aljaro.
Hay que asumir que ninguna víctima en carretera es aceptable y que debemos utilizar todas las herramientas disponibles para seguir reduciendo la siniestralidad en las vías

La tecnología, por el momento, está lejos de reconocer todos los imprevistos de un trayecto. Su valor reside en otra capacidad: la de detectar cuándo las condiciones empiezan a cambiar, es decir, cuando se da el caldo de cultivo para que se produzca un siniestro. “Más que ‘adivinar’ accidentes, la tecnología ayuda a reducir el riesgo antes de que se materialice”, señala Durán. Una tormenta que altera la circulación, un obstáculo en la calzada, una zona de obras o un embotellamiento anómalo son los síntomas a los que estas herramientas están atentas.
Aquí se gesta la movilidad de vanguardia
El Future Road Lab de Abertis es un laboratorio de innovación y pruebas que tiene su sede en España, en el Centro de Seguridad Vial, Sostenibilidad e Innovación de la C-32, cerca de Barcelona. Inaugurado en 2023, el espacio funciona como un banco de pruebas en el que se simulan condiciones reales y se experimenta con nuevas tecnologías para entender mejor lo que ocurre en las carreteras y avanzar hacia una movilidad inteligente y sostenible. El laboratorio monitoriza el tráfico y la contaminación en tiempo real, trabaja con inteligencia artificial para predecir riesgos y accidentes y explora tecnologías como el 5G y la comunicación entre vehículos e infraestructuras.
La misma idea mediará la relación entre carretera y vehículo. Hasta ahora, la comunicación entre coche y carretera ha sido esencialmente visual: una señal indica, un panel informa y el conductor decide. La movilidad conectada inaugura una nueva película, en la que la infraestructura podrá dialogar con el vehículo y el conductor antes de que el riesgo sea evidente. Como afirma Aljaro: “La movilidad eléctrica necesita corredores preparados para la recarga; la movilidad conectada necesita infraestructuras capaces de intercambiar información; y la movilidad automatizada requerirá redes cada vez más inteligentes y seguras”. En la práctica, un conductor podrá recibir avisos sobre retenciones kilómetros antes de alcanzarlas (y mucho más rápido que con los actuales sistemas de señalización) y la propia infraestructura guiará los sistemas de conducción automatizada, entre otras cosas.
Adaptarse a condiciones cada vez más exigentes
Ninguna infraestructura se escapa de las exigencias del entorno. Al respecto de las autopistas, la pregunta es cómo conseguir que las redes mantengan su capacidad de servicio con temperaturas cada vez más extremas, lluvias intensas y sobrevenidas e incendios recurrentes y destructivos.
De nuevo, la única vía, coinciden los expertos de Abertis, es la anticipación: detectar vulnerabilidades y preparar con tiempo e información las respuestas a los posibles escenarios adversos. “Las nuevas tecnologías ayudan en dos momentos clave: antes y durante una situación de riesgo”, incide Durán. Tecnologías que ya empiezan a explorarse en espacios como el Future Road Lab de Abertis, situado en su centro de control al sur de Barcelona, donde se desarrollan y prueban soluciones relacionadas con la movilidad conectada, la gestión avanzada del tráfico y las tecnologías que marcarán el paso del futuro próximo.
¿Cuándo serán tangible todas estas innovaciones que se están incubando y, poco a poco, comenzando a usar? Cuando empiecen a trabajar juntas: sensores, inteligencia artificial, vehículos conectados, nuevos materiales y sistemas automatizados… “El gran salto no vendrá de una única tecnología, sino de la capacidad de integrar muchas tecnologías para gestionar la movilidad de forma más anticipada y automatizada”, concluye Durán. Con un fin: que las carreteras del futuro nos lleven hasta nuestro destino, sí, pero cada vez mejor y con mayor seguridad.
