Los glaciares del Himalaya indio no provocan riadas, pero merman por falta de nieve y dejan sin agua a la agricultura
El silbido de los vientos de montaña resuena por las frías callejuelas de Kibber, un remoto pueblo en Spiti, un desierto frío de gran altitud situado en el Himalaya indio, a más de 1.600 kilómetros de Nueva Delhi. Es una mañana de principios de abril. En el patio de la escuela del pueblo, un grupo de niños juega al críquet. Cerca de allí, con las montañas nevadas como telón de fondo, las mujeres del pueblo inspeccionan sus campos de cultivo, fríos y áridos. Una de las mujeres, Chhering Lanzom, cuenta que lleva toda su vida dedicándose a la agricultura en Kibber, mientras quita la hierba seca del suelo para prepararlo para su labranza.
“Las temperaturas aquí son duras y los inviernos siempre son gélidos, con fuertes nevadas”, dice esta mujer de 39 años, vestida con un salwar kameez rosa (traje tradicional del sur de Asia), una chaqueta negra y una bufanda marrón. “Pero me encanta la nieve. Sustenta nuestro pueblo y la necesitamos para arar nuestras tierras”, añade con una sonrisa, mientras mira hacia los picos nevados que rodean sus terrenos agrícolas. En cuestión de segundos, una expresión apagada sustituye su rostro alegre. “Pero ahora casi nunca nieva. Este año solo hemos tenido entre dos y tres pies de nieve, y además cayó a finales de febrero, y no en plena temporada invernal, que es en diciembre”.

La preocupación de Lanzom refleja una transformación que se extiende por amplias zonas del Himalaya occidental. Según el Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (ICIMOD), la persistencia de la nieve en esta región alcanzó en 2025 su nivel más bajo en 23 años: un 23,6% por debajo de la media histórica. Para comunidades agrícolas de montaña como Kibber, donde el deshielo alimenta cultivos y manantiales, la reducción de la nieve se traduce directamente en menos agua disponible. En total, se calcula que más de 120 millones de agricultores indios (de una población de cerca de 1.480 millones de habitantes) dependen, directa o indirectamente, de la nieve y del deshielo glaciar para regar sus cultivos.
Ahora casi nunca nieva. Este año solo hemos tenido entre dos y tres pies de nieve, y además cayó a finales de febrero
Chhering Lanzom, agricultora de Kibber
Famosa por los pintorescos picos del Himalaya y los leopardos de las nieves, Kibber forma parte del sistema montañoso Hindu Kush-Himalaya, considerado una de las reservas de hielo más importantes del planeta fuera de las regiones polares. Con unos 366 habitantes, Kibber depende del glaciar que desciende desde la cima del monte Kanamo para regar sus campos y de un manantial subterráneo del pueblo. Sin embargo, el calentamiento global ha provocado una disminución de las nevadas y el retroceso de los glaciares en el Himalaya. Y sin nieve suficiente, el suministro de agua se ve interrumpido y la agricultura, medio de vida fundamental para los residentes, se ve amenazada.

“El Kanamo es una montaña importante para nosotros. Es como nuestro depósito de agua. Cuando nieva bien allí, sabemos que el glaciar regará bien nuestros campos y nos ayudará a disfrutar de una buena cosecha”, dice Tenzin Kunzang, que acompaña a Lanzom en los campos de cultivo. Vestida de gris, una chaqueta negra y una bufanda blanca estampada, Kunzang, de 51 años, camina hacia el monasterio cercano a la granja y hace girar suavemente las ruedas de oración. “Ahora hemos depositado toda nuestra esperanza en Dios Buda”, dice por encima del zumbido rítmico de la rueda giratoria.
Nevadas erráticas
“Durante mucho tiempo, la gente de Kibber no tenía ni idea de lo que era el cambio climático. Pero en los últimos años, con la disminución de la nieve y las precipitaciones, no podemos sembrar a tiempo y nuestra cosecha se ve afectada. La gente solía culpar a sus técnicas agrícolas de la mala cosecha, pero ahora todo el mundo es consciente de que esto se debe al cambio climático, que afecta a las nevadas”, afirma Tenzin Thinley, natural de Kibber y trabajador de la Nature Conservation Forest (NCF) de la India.
El periodo de siembra en Kibber este año comenzó más tarde de lo normal: fue a finales de abril en lugar de a principios, como es habitual, lo que retrasa también una semanas la temporada de cosecha, que ha comenzado este año en septiembre.
“Llevo cultivando la tierra desde que tengo siete años. Iba al colegio y cuando volvía, mi padre nos hacía trabajar en el campo”, cuenta Thinley, removiendo una tetera, mientra comenta que la mayoría de los habitantes del pueblo se dedican a la agricultura desde la infancia. “Pero cuando yo era niño la agricultura no era un medio exclusivo de subsistencia. Nos dedicábamos principalmente al cuidado del ganado, como yaks y burros, y al cultivo de cebada y guisantes negros. La cebada la utilizábamos para preparar nuestros propios platos, mientras que los guisantes negros los intercambiábamos con las aldeas del Estado vecino de Jammu y Cachemira, a cambio de carne”, añadió.
En 1989, un ministro del Estado indio de Himachal Pradesh, donde se encuentra Kibber, presentó a los aldeanos los guisantes verdes, que son un cultivo más comercial. “Revolucionaron la agricultura para nosotros. Nos dimos cuenta de que podíamos ganarnos la vida con este cultivo. Así que, en medio de abundantes nevadas, sembrábamos guisantes verdes en abril, y tras la cosecha en octubre, los exportábamos a mercados de toda la India”, explica Thinley.
Glaciares artificiales y guisantes negros
La reducción de las nevadas ha obligado a los habitantes de Kibber a buscar nuevas formas para garantizar el agua para sus cultivos. El Gobierno de Himachal Pradesh puso en marcha en 2020 varias iniciativas de adaptación, entre ellas sistemas de riego por elevación alimentados con energía solar. El sistema permite bombear agua desde arroyos situados a menor altitud hasta las zonas agrícolas más elevadas, donde se utiliza para el riego y el consumo humano.

“El deshielo del glaciar de Kanamo se ha reducido drásticamente en los últimos años, por lo que a menudo recurrimos al riego por bombeo. También hemos probado con glaciares artificiales en Kibber, pero no han funcionado en nuestra región”, afirma Thinley.
El uso de un glaciar artificial, que es una estructura de hielo mantenida por el hombre y diseñada para almacenar agua en invierno, que luego se libera para su uso en verano, se probó en Kibber entre 2012 y 2013. Sin embargo, Ajay Bijoor, colaborador del proyecto e investigador del programa High Altitudes de la NCF en la India, señala que en Kibber la iniciativa no tuvo éxito.
“El glaciar se diseñó para la vecina región india de Ladakh. En el caso de Kibber, ese diseño no tuvo los resultados esperados, ya que, por su situación geográfica, tuvo que construirse en laderas orientadas al norte y, para poder utilizarlo para el riego, debía situarse cerca de los pueblos”, explica. “Sin embargo, estas estructuras deben construirse lejos de las aldeas y hay que levantarlas físicamente antes del atardecer o justo después de la puesta de sol, por lo que es un proceso tedioso”, comenta. Señala que Kibber también recibió una cantidad considerable de nieve en 2012 y 2013, por lo que la gente dejó de intentar llevar a cabo este proceso y recurrió a depender del glaciar para regar sus campos.
El deshielo del glaciar de Kanamo se ha reducido drásticamente en los últimos años, por lo que a menudo recurrimos al riego por bombeo
Tenzin Thinley, miembro de la Nature Conservation Forest
Los investigadores creen que parte de la solución podría encontrarse en el regreso a cultivos tradicionales que han ido perdiendo peso en la agricultura local. Un estudio realizado por científicos de la Universidad de Stanford y la NCF señala que los guisantes negros, cultivados históricamente en Spiti, necesitan menos agua y presentan una mayor resiliencia frente a episodios de sequía.
“Los guisantes negros requieren menos agua para crecer, por lo que pueden dar buenos resultados en años en los que hay menos nieve. Los guisantes verdes, en cambio, son más vulnerables a los caprichos del clima”, explica a este diario Harman Jaggi, investigador de Stanford.
De vuelta en su granja, Lanzom tararea una canción que, según dice, cantan las mujeres cuando siembran. “Nuestros antepasados solían cultivar cebada y guisantes negros y verdes, y es algo que intentaremos hacer con más frecuencia ante la escasez de nevadas”, afirmó. “Hasta entonces, esperamos milagros cada año y rezamos a Buda, nuestro Dios, para que salve nuestro sustento. Kibber necesita nieve, es nuestra vida”.

