La vacunación echa el freno en Europa: “No es que haya colapsado, pero hay señales de alerta”
Algo está cambiando en Europa respecto a la vacunación infantil, una de las estrategias de salud pública más poderosas y que ha evitado más de 154 millones de muertes en el mundo en medio siglo. Un estudio publicado este jueves en la revista The Lancet Regional Health-Europe sostiene que las coberturas vacunales, que históricamente han seguido una tendencia al alza, se han estancado o han bajado en la mayoría de países de la UE en los últimos años. La situación no es alarmante porque en números absolutos las tasas de pinchazos están por encima del 90% en buena parte del continente, pero este giro en las tendencias es un toque de atención, dicen los autores. Un aviso de que un paso atrás en la vacunación puede hacer emerger graves enfermedades y poner en jaque toda la protección lograda hasta ahora.
La investigación, que ha analizado la evolución de siete vacunas en los 27 países de la UE entre 1980 y 2024, concluye que, en los últimos tiempos —especialmente a partir de 2019 y los tres años siguientes—, se observa una tendencia a la baja. No en todas las vacunas ni en todas las regiones de forma homogénea, pero el estudio encuentra que 16 países han registrado descensos en la cobertura de más de la mitad de las vacunas estudiadas. “El mensaje principal no es que la vacunación infantil en Europa haya colapsado repentinamente, sino que en muchos países la tendencia ha cambiado. Observamos señales de alerta recientes superpuestas a décadas de importantes logros en salud pública. Es fundamental que una alta cobertura [en números absolutos] no genere complacencia”, defienden los investigadores Leonardo Villani y Luigi Russo, autores del estudio, en una respuesta por correo electrónico. Las vacunas analizadas son la de hepatitis B, la de Haemophilus influenzae tipo B, la del sarampión, la del neumococo, la de la polio, la de rubeola, y la de la difteria, tétanos y tos ferina.
Los científicos no entran a analizar los motivos exactos de este giro de guion, pero observan un punto de inflexión con tendencias claramente descendentes entre 2019 y 2022, lo que “podría reflejar las interrupciones en los servicios de vacunación infantil sistemática derivadas de la pandemia”, sugieren en el artículo. Los firmantes también recuerdan que la desinformación y el auge de movimientos populistas favorecen la reticencia a las vacunas. “Nuestro estudio no se concibió para determinar mecanismos causales, por lo que no podemos afirmar que el populismo, la desinformación u otros factores hayan causado directamente los descensos observados. No obstante, la literatura científica deja claro que la desinformación puede aumentar las reticencias a la vacunación, reducir la confianza en la seguridad y eficacia de las vacunas y contribuir a retrasar o rechazar la vacunación”, plantean los autores.
Lo de la reticencia es, en todo caso, un fenómeno complejo y dependiente del contexto, dicen. “Diversos estudios han demostrado que la vacunación puede ser instrumentalizada políticamente por movimientos populistas. Cuando los discursos políticos presentan a las instituciones de salud pública, a los expertos científicos o a las políticas de vacunación como elementos poco fiables, elitistas o ilegítimos, pueden socavar la confianza de la que dependen los programas de inmunización eficaces”, exponen.
Villani y Russo advierten, con todo, de que “sería un error” atribuir cualquier descenso exclusivamente a la reticencia. Y apuntan que las barreras (económicas o estructurales) a las vacunas también pueden influir. “En la práctica, es probable que los descensos observados reflejen diversas combinaciones de factores: interrupción de los servicios, barreras de acceso, desigualdad social, fallos de comunicación, desinformación, confianza en las vacunas y contextos de políticas nacionales”, sintetizan.

El mapa europeo de cobertura vacunal es heterogéneo. Y aunque la mayoría de países han logrado o mantenido grados altos de protección —en 2024, las tasas en España, por ejemplo, estaban entre el 92% (la vacuna contra la polio) y el 97% (en sarampión o rubeola)—, “los últimos años se han caracterizado por una ralentización o un descenso en las tasas de vacunación”, concluye la investigación. Dependiendo de la enfermedad, cuando el porcentaje de inmunizados cae por debajo del 90% o el 85%, empieza a verse comprometida la inmunidad de grupo.

Para estudiar la evolución de las coberturas, los investigadores usaron un método estadístico para identificar cuándo cambiaban de dirección las tendencias de vacunación en cada país y para cada vacuna. Luego, compararon la tendencia más reciente con la inmediatamente anterior. El momento en que se produjeron estos cambios varió según el país y la vacuna, pero muchas de las tendencias descendentes más recientes comenzaron entre 2019 y 2022, explican.
Los descensos más acusados se han visto en la cobertura con tres dosis contra la bacteria Haemophilus influenzae tipo b y contra la polio: 20 países mostraban tendencias a la baja en cada una de estas vacunas. Según el estudio, también 18 países registraron descensos en la cobertura contra la hepatitis B y en 17 se vio una tendencia decreciente en la de difteria, tos ferina y tétanos.

El panorama es desigual. En países como Hungría, Dinamarca, Francia, Portugal e Italia, entre otros, la investigación reveló una tendencia al alza en la mitad de las vacunas estudiadas. En cambio, en Bulgaria, Chipre o República Checa, todas las inmunizaciones analizadas arrojan una progresión negativa en los últimos años. En Alemania y España, por su parte, se ve una tendencia negativa en cinco de las siete vacunas revisadas.
“Vulnerabilidades emergentes”
Los autores aclaran, eso sí, que en este estudio observan tendencias, no datos absolutos. De hecho, en 2024, España seguía siendo uno de los países con tasas de vacunación más altas (ver gráficos). Alemania, en cambio, registraba datos más desiguales, con coberturas del 96% en sarampión y rubeola, pero apenas del 88% en polio. En Rumanía no llegaban al 80% de protección en ninguna de las siete y en Bulgaria estaban casi todas alrededor del 94%.
“La cobertura absoluta nos indica la situación actual de un país, mientras que la tendencia nos muestra hacia dónde se dirige”, anotan Villani y Russo. En países con coberturas elevadas, dicen, los descensos recientes deben interpretarse como “una señal de alerta temprana”. “No significa que los sistemas de inmunización en toda Europa estén en crisis, sino que indican vulnerabilidades emergentes que deben abordarse antes de que se pierda la alta cobertura”, matizan. Porque con el tiempo, si esos descensos modestos se acumulan, pueden aumentar las brechas de inmunidad y elevar el riesgo de brotes, incluso en zonas con una cobertura históricamente alta, subrayan.
Uno de los grandes peligros asociados a la disminución general de la cobertura vacunal es que se debilite la inmunidad de rebaño, que es ese fenómeno de protección comunitaria que se da cuando la mayor parte de una población está inmunizada contra un patógeno y dificulta su circulación.
Si se debilita la inmunidad de rebaño, se corre el riesgo de exponer a más población a enfermedades prevenibles con vacunas. Especialmente, a los grupos de mayor riesgo, como los lactantes, los ancianos o las personas inmunodeprimidas.
Jaime Jesús Pérez Martín, presidente de la Asociación Española de Vacunología (AEV), avisa de los sesgos que puede tener esta investigación —que en estos años haya cambiado el método de cálculo o los sistemas de registro, por ejemplo, y ello impida reflejar una variación real—. Y advierte del riesgo de mirar solo tendencias. En declaraciones al portal SMC, subraya que hay que observar estos datos junto a la cobertura real, para evitar interpretaciones erróneas.
Buenas coberturas en España
En cualquier caso, agrega: “Los valores descendentes registrados de forma más reciente pueden deberse a diferentes razones, algunas de las cuales pueden no tener repercusión real, pero en cualquier caso sirve como aldabonazo para seguir vigilando tanto coberturas como tendencias”. Sobre España, dice, “el estudio refleja, independientemente de las tendencias, unas buenas coberturas vacunales si bien aquellos valores que están en 94% y 92% sería deseable que se alcanzasen valores por encima del 95%”.
Fernando Moraga-Llop, pediatra y miembro de la AEV, apunta: “Las coberturas vacunales llevan una década disminuyendo. Y esto se ve con el sarampión, que empezó a tener una reemergencia en 2017 en todo el mundo. En España, las coberturas son buenas, pero no excelentes”. A principios de año, la OMS retiró a España el estatus de país libre de sarampión porque consideraba que se ha restablecido la transmisión endémica de la enfermedad infecciosa.
La advertencia de unas coberturas vacunales a la baja en el mundo no es nueva. El año pasado, otra investigación publicada en The Lancet advertía de que el progreso en la vacunación se había estancado o, incluso, revertido. Y aunque la peor parte se la llevaban regiones en vías de desarrollo, con tasas de cobertura más bajas y menos acceso a vacunas, esta tendencia se veía también en una veintena de países ricos, incluido España.
Para Otavio Ranzani, epidemiólogo del Instituto de Investigación Sant Pau, este nuevo estudio muestra algo inquietante: “Lo preocupante no es solo que algunos países tengan coberturas más bajas en años recientes, sino que países que llevaban años vacunando muy bien empiezan también a retroceder”. Y recuerda una paradoja asociada al éxito de las vacunas: “Cuando dejamos de ver las enfermedades que las vacunas previenen, también podemos perder la percepción de su importancia”.
En la misma línea, Villani y Russo destacan: “El mensaje principal no es generar alarma, sino recordar que no debemos dar por sentada una alta cobertura de vacunación. Nuestro estudio identifica señales de alerta en un momento en el que todavía hay tiempo para actuar”. Y recuerdan que las enfermedades prevenibles con las vacunas no han desaparecido. “El mensaje central es sencillo: las vacunas salvan vidas”.

