Cómo aplacar la colitis ulcerosa, una enfermedad que inflama el intestino

La colitis ulcerosa cambió la vida de Carlos González (49 años, Santiago de Compostela), nada era igual. Un tratamiento adecuado le devolvió la calidad de vida que tenía antes, todo estaba de nuevo en su sitio.

El primer brote de esta enfermedad inflamatoria intestinal (EII) le sobrevino en 2005 en forma de dolor abdominal, diarrea y sangrado rectal con mucosidad. “Tenía que ir al baño cada dos por tres”, recuerda. “No podía quedar a tomar algo o salir a correr. Era imposible. Te sentías incómodo. Incluso en el trabajo, estás levantándote todo el rato”, cuenta este administrativo de una empresa de plantas potabilizadoras de Santiago de Compostela. A pesar de estar comiendo bien, incluso más de lo habitual, empezó a perder peso. Fue a urgencias y se quedó una semana. El diagnóstico llegó rápido, su madre sufría enfermedad de Crohn, otra EII. Estas dolencias no se heredan, pero existe predisposición genética, igual que sucede con la psoriasis o la artritis psoriásica. “Al principio no lo asimilas del todo. Estás preocupado, te hacen biopsias. ¿Me tendré que operar?”, cuenta ya como un recuerdo lejano.

Un diagnóstico precoz mejora el pronóstico de cualquier enfermedad inflamatoria. Manuel Barreiro, jefe de Sección de la Unidad de Enfermedad Inflamatoria Intestinal del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela (CHUS), ha sido el especialista de digestivo de González desde que recibió el alta en el hospital y acudió al médico que debía tratarlo. “Es alguien casi de la familia”, resume González, uno de los 3.500 pacientes con esta dolencia o enfermedad de Crohn que ha atendido Barreiro en el área de Santiago de Compostela en 25 años.

A González le pautaron corticoides, lo habitual en primera instancia para cortar con gran eficacia los síntomas que provoca la colitis ulcerosa. Pero estos medicamentos no logran “objetivos más profundos y estrictos” que hoy se fija la medicina, dice Barreiro, como la curación de la mucosa que recubre el colon, fundamental para retrasar la aparición de brotes (baja la probabilidad a entre un 10% y un 15%) y para reducir el desarrollo enfermedades secundarias, como el cáncer de colon –los pacientes de EII tienen más riesgo de sufrirlo–.

Retrato de Manuel Barreiro

“Si cicatriza la mucosa, sabemos que este paciente va a estar bien en el medio o largo plazo”

Manuel Barreiro, jefe de sección de la Unidad de Enfermedad Inflamatoria Intestinal del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela (CHUS)

Curar en el momento y en el medio plazo

El gran cambio en las enfermedades inflamatorias se produjo con la aparición de los tratamientos biológicos hace 15 años. Aparte de frenar los brotes, de atajar la diarrea, las deposiciones continuadas, la urgencia… Estos fármacos logran que poco a poco la mucosa de la parte última del intestino (la que ataca esta enfermedad) vaya cicatrizando. De este modo disminuye el riesgo de sufrir úlceras y se reduce la inflamación generalizada del organismo. Se rebaja la probabilidad de que los síntomas reaparezcan de manera imprevisible, como sucede con esas enfermedades crónicas, los temibles brotes, un día estás bien y al otro la enfermedad se apodera de la persona que la sufre.

“Si cicatriza la mucosa, sabemos que este paciente va a estar bien en el medio o largo plazo”, afirma Barreiro. Se impide un daño crónico del intestino. “Conviene evitar que los pacientes acumulen muchos ciclos de corticoides. Se debe empezar pronto con los biológicos”, explica el médico, que fue presidente entre 2019 y 2022 del Grupo Español de Trabajo en Enfermedad de Crohn y Colitis Ulcerosa (Geteccu), una sociedad científica con 1.000 afiliados que promueve el desarrollo de medios terapéuticos y estimula la uniformidad de criterios.

Cómo saber si las paredes del intestino cicatrizan

Es fácil detectar si estos tratamientos están curando la mucosa, basta con una colonoscopia. También existen unos biomarcadores en las heces que miden la inflamación, que debería ir reduciéndose. Las tasas de cicatrización de este recubrimiento del intestino grueso alcanzan el 50%, informa Barreiro. “Para ser una enfermedad crónica no curativa son datos muy buenos”, asegura. “Siempre si se continua con el tratamiento”, aclara.

Retrato de Carlos González

“No podía quedar a tomar algo o salir a correr. Incluso en el trabajo, estás levantándote todo el rato”

Carlos González, paciente

Existen varios tratamientos. Los médicos, en consenso con los pacientes, van buscando el más eficaz y seguro. “Si no funciona uno, hay otros”, recuerda González que le decía Barreiro para darle tranquilidad y esperanza. Lleva con el mismo desde agosto de 2025. Su relación con el hospital se limita a revisiones cada seis meses y a una visita a la farmacia hospitalaria, donde le administran su tratamiento cada ocho semanas. “Estoy sin síntomas. Ahora es como si estuviera curado”, cuenta este aficionado a correr, algo que le hace olvidarse de todo, desestresarse.

El estrés no es bueno para nadie, pero menos para los pacientes de enfermedades inflamatorias, pues se relaciona en ocasiones con la aparición de brotes. “Siempre en tu interior sabes que puede volver la enfermedad, pero ahora estoy muy bien”, afirma González, que come de todo, no restringe ningún alimento. Se tiende a hacer una asociación entre la enfermedad y la dieta que lleva o llevaba la persona que la sufre, pero no guardan ninguna relación. Saludable hay que comer siempre, eso sí. La confederación de asociaciones de pacientes de enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa (ACCU) calcula que en España viven con la EII 300.000 personas, y que para 2030 la cifra habrá alcanzado el 1% de la población.

Una de las contingencias que más le preocupaban a González era si tenía que operarse. “Apenas llega al 3-4% de pacientes gracias al buen funcionamiento de los fármacos. Antes alcanzaba el 10-15%”, asegura Barreiro. Como siempre, la atención primaria resulta clave para que no se retrase el diagnóstico. No siempre se detecta la enfermedad en urgencias, como le sucedió a González, a veces los procesos son más lentos, comienzan con una visita al médico del centro de salud por una diarrea continuada. “Se trata de dar herramientas a la atención primaria para que si existen altas sospechas puedan priorizar una colonoscopia”, explica el especialista. De este modo se confirma (o descarta) la enfermedad y el paciente se deriva al médico de digestivo, que le pautará el tratamiento adecuado.

Aunque las tasas de remisión de la enfermedad son altas (50%), se pueden mejorar y lograr más avances, cuenta Barreiro. El siguiente paso consiste en asemejarse a los tratamientos oncológicos, que cada vez son más individualizados. Que los ensayos vayan dirigidos a grupos de pacientes con unas características especiales. Se trata de afinar. “Hay mucho que avanzar. Todavía no sabemos la causa de la enfermedad. Es multifactorial, tiene un componente genético. La microbiota juega un papel en su desarrollo, pero no lo es todo. No hay una causa alimentaria”, explica. Pero los especialistas sí tienen claro que hay que ser ambicioso, mejorar la calidad de vida de los pacientes en el ámbito social, laboral, académico; en el presente y en el largo futuro. La colitis ulcerosa suele manifestarse por primera vez entre los 20 y los 30 años.

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