El Metro de Madrid explota de calor y provoca un récord de quejas de los viajeros

El asiento se pega al trasero. La ropa al cuerpo. El sudor a la piel. Es la experiencia de miles de viajeros en el Metro de Madrid, con más de 200 kilómetros el más extenso de España, y previsiblemente también el más caluroso. “Es un infierno”, dice Beatriz, que utiliza el suburbano a diario para desplazarse a su trabajo. “Es como abrir un horno”, lamenta María. “Es una lotería: o aire acondicionado, o sauna”, lamenta Kiré sobre las diferentes condiciones de los trenes. Son quejas que se han traducido en un récord de reclamaciones: el Metro de Madrid registró 3.753 en junio (último dato publicado), de las cuales 2.073 fueron por la temperatura de los vagones (55%). Hace un año, fueron 1.747 y 540. Hace dos, 957 y 124. Los datos evidencian un problema que Metro no oculta: este verano, el más caluroso en la región capital desde que hay registros estatales (1961), con el termómetro moviéndose en medias de alrededor de 30 grados en la superficie de la ciudad, hubo veces que viajar en el suburbano de la capital fue un auténtico agobio.

“El incremento de quejas responde a varios factores”, sostiene un portavoz de Metro de Madrid. “Por un lado, este verano se han registrado episodios de calor especialmente intensos, que afectan al funcionamiento de determinadas instalaciones”, reconoce. “Además, la Línea 1 es la más antigua de la red y cuenta con los trenes más antiguos, por lo que las altas temperaturas pueden tener un mayor impacto en el funcionamiento de sus sistemas”, añade sobre el trayecto que concentra la mayoría de las quejas. “A esto se suma el incremento de viajeros que ha registrado la línea como consecuencia del corte de servicio de la Línea 10 por las obras de mejora de sus instalaciones”.

Evolución de las reclamaciones en Metro de Madrid (Líneas)

Este interlocutor sostiene que se han incrementado las revisiones de los equipos y se han destinado 3,5 millones de euros a reforzar y optimizar la climatización de 93 trenes de las líneas 1 y 5. También, que se han puesto en funcionamiento equipos de refrigeración en los andenes de 20 estaciones de ambas líneas, como adelantó este diario. Y mira con optimismo al futuro, cuando lleguen los nuevos trenes ya encargados para sustituir a los más antiguos, puesto que incorporarán sistemas de climatización de última generación, y mayor eficiencia energética. Ocurre que los pasajeros pasan calor hoy. Y que cuando el cuerpo hierve, no hay tiempo para esperar a mañana.

María Otero es una mexicana de 67 años que llegó a Madrid hace 14. Se dedica a hacer limpiezas en casas y en establecimientos en donde la requieran, a los que se desplaza usando el transporte público. Cuenta que prefiere evitar el metro en la medida de lo posible porque le es más práctico usar el bus, aunque también por el calor que hace en el verano. Recuerda que el 21 de agosto usó la línea 1 para acudir a una fiesta y cuando llegó el tren “fue como abrir un horno dispuesto a rostizar”, pese a que el vagón no iba tan lleno. Dos meses antes, en junio, tuvo que usar de nuevo la misma línea por las obras de la línea 6 y vio “cómo una chiquilla de unos cuatro años comenzó a quitarse la ropa del calor que hacía en el vagón”. Cuando sabe que tiene que coger el metro se prepara previamente con “sandalias, ropa fresca y ligera, preferentemente de algodón”. “También cargo una botella de agua y un abanico. Intento ir lo más ligera posible”, afirma. “Prefiero evitar el metro si hay otro transporte que me acerque. Cuando hace calor lo evito a toda costa y me quedo en casa si no hay necesidad de salir”.

Kiré Ramírez tiene 34 años. Nació en Suecia, pero ha vivido en Madrid desde que era un niño. Durante el verano ha hecho viajes frecuentes en el metro desde San Sebastián de los Reyes, donde vive, hacia diversos lugares ubicados en el centro de Madrid. La línea que ha utilizado con más frecuencia en esta temporada es la 1 y ha tenido que lidiar con el calor. Expresa que “alguno de los trenes sí que tiene aire acondicionado, pero eso ya es una lotería. Te puede tocar la suerte de que haya aire o te puede tocar que esté todo que parezca un sauna”.

Marta, de 30 años, nació en Leganés, pero ahora vive en el barrio de la Latina. Su principal medio de transporte es el metro, pues lo usa para ir al trabajo, para visitar a sus padres o para llegar a cualquier lugar al que necesite ir. La línea 1 es la que utiliza más porque le queda más cerca de casa. Afirma que en esa ruta “siempre hace calor y contadas son las veces en que te encuentras un vagón con aire acondicionado”. Suele comenzar sus viajes a las 7 de la mañana “cuando hace más fresquito en la calle”, pero cuando baja a las estaciones de la línea 1 siente de inmediato el calor: “Siempre voy pensando: por favor que hoy me toque uno con aire acondicionado. Pero eso pasa una vez en un millón. No funciona”, dice. Expresa que “la línea 1 siempre va hasta arriba. Siempre vamos como sardinas en lata en hora punta y si a eso le sumas el calor es insoportable”. Ve “agobiante” viajar en esas condiciones.

Más de la mitad de las quejas

Hay un dato que resume la magnitud del problema: en junio, ni siquiera la frecuencia de los trenes, que es normalmente lo que más afecta al día a día de los viajeros, superó al calor como causa de quejas. Además, el problema de la temperatura no se limitó solo a los vagones. En junio hubo 56 quejas más por la temperatura de las estaciones, por lo que más de la mitad de todas las reclamaciones tuvieron relación directa con el calor (56,7%).

Registrar esas penalidades es ahora posible. Este verano se creó una página web llamada Termo de Madrid, impulsada por Nacho González, de 29 años, para que los viajeros del metro puedan dejar constancia de la temperatura que soportan dentro de los vagones.

González, usuario habitual de la línea 1 desde que se mudó hace dos años junto a la estación de Estrecho, explica en la web que durante el primer verano pensó que el calor y el mal funcionamiento del aire acondicionado eran algo puntual. Al año siguiente comprobó que la situación no había mejorado y este verano decidió convertir las quejas de los pasajeros en un mapa.

La web permite indicar la línea y el número del coche y describir el ambiente como fresco, calor o infierno.

Los avisos recogidos mostraron que la línea 1 era la más afectada, seguida de la 5, y las 15.00 horas como el peor momento para viajar.

Junio, último mes con datos de reclamaciones al Metro, coincidió con el arranque de un verano histórico por sus altas temperaturas. Y el Metro empezó a hervir como si fuera una olla en la que se cocían sus usuarios y profesionales.

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