Nunca tantas mujeres en el mundo han vivido expuestas a la guerra desde 1990, lo que agrava la desigualdad, según la ONU

Nunca en las últimas tres décadas las mujeres y las niñas habían padecido tanto las consecuencias de guerras que no libran. En 2025, casi el 20% de la población femenina mundial, es decir 756,1 millones de personas, vivía a menos de 50 kilómetros de un conflicto armado, una cifra que supone un incremento del 5,6% respecto a 2024 y alcanza su nivel más alto desde la década de 1990. A ello se suma que casi el 40% de los 426,4 millones de mujeres y niñas que viven en pobreza extrema residen en países afectados por conflictos. Así lo recoge el informe Mujeres, paz, y seguridad publicado este lunes por ONU Mujeres, que señala que “el aumento de la violencia, los desplazamientos, el colapso de los servicios esenciales y las crisis humanitarias prolongadas incrementan los riesgos a los que se enfrentan y profundizan desigualdades existentes”.

“Estamos viendo un aumento del peso de las mujeres y las niñas entre las víctimas civiles”, explica por videoconferencia desde Nueva York Pablo Castillo, especialista en Políticas de Mujeres, Paz y Seguridad de ONU Mujeres. El experto achaca este fenómeno, particularmente visible en conflictos como el de Myanmar, Ucrania o Gaza, tanto a la incorporación por los ejércitos de nuevas tecnologías que no distinguen entre un civil y un combatiente, ni tienen juicio moral, entre ellas la inteligencia artificial o los drones, como también a unos líderes políticos y militares que deciden ignorar cada vez más el derecho internacional. “Entre 2015 y 2017, aproximadamente una de cada ocho víctimas civiles era una mujer o un menor. En 2021 la proporción seguía siendo similar. Ahora, la ONU estima que una de cada cuatro víctimas civiles son mujeres y niñas”, detalla.

“Entre 2015 y 2017, aproximadamente una de cada ocho víctimas civiles era una mujer o un menor […]. Ahora, la ONU estima que una de cada cuatro víctimas civiles son mujeres y niñas

Pablo Castillo, especialista en Políticas de Mujeres, Paz y Seguridad de ONU Mujeres

Los conflictos armados han alcanzado un nuevo máximo histórico, con el mayor número de guerras registrado desde 1945. Al mismo tiempo, el gasto militar mundial, en constante ascenso, roza ya los tres billones de dólares anuales mientras disminuyen por quinto año consecutivo la ayuda bilateral asignable al apoyo a la igualdad de género y los derechos de las mujeres, pasando de 24.600 millones de dólares en 2023 a 21.700 millones en 2024. Además, solo un 5% tiene la igualdad de género como objetivo principal, y apenas un 0,4% llega directamente a organizaciones que se dedican a ayudar a las mujeres. “La financiación destinada específicamente a organizaciones de mujeres en contextos de conflicto cayó un 22% en 2024. Estamos hablando de 168 millones de dólares para miles de organizaciones de todo el mundo. Esa cantidad equivale aproximadamente al 2% de lo que se gasta en gasto militar mundial en un solo día”, apunta Castillo.

Columnas apiladas

Estas entidades tienen que hacer frente a una falta de financiación que merma su capacidad para proteger a estos colectivos en el terreno: “La ONU Mujeres encuestó a 855 organizaciones de la sociedad civil en contextos de conflicto y encontró que cerca del 40% teme tener que cerrar temporal o permanentemente durante el próximo año por falta de fondos”, señala el especialista. Además, estas son blanco de ataques continuos en las zonas de conflicto. “En Sudán casi una de cada cinco organizaciones de mujeres ha recibido amenazas o ha sufrido ataques directos”, afirma Castillo que destaca el papel fundamental de estos colectivos en la gestión de conflictos y lamenta que, a menudo, “queden excluidas de los procesos diplomáticos de alto nivel, ya que son quienes median en conflictos locales, sostienen comunidades y trabajan directamente con las personas afectadas”.

Una realidad que refleja el informe al señalar la presencia cada vez menor de mujeres en las negociaciones de paz (a excepción de las que lidera la ONU), invisibilizando de facto la perspectiva de género en la manera de abordar los conflictos y su resolución. El documento cita como ejemplo la ausencia de las mujeres ucranias en gran parte de las rondas de conversaciones trilaterales entre Rusia, Ucrania y Estados Unidos, pese a que estas “desempeñaron funciones clave en las negociaciones para el intercambio de prisioneros de guerra, así como en la repatriación de algunos civiles ucranios y rusos detenidos y en el retorno de niños ucranios”. Algo que también se pudo observar durante las negociaciones durante la guerra de Israel en Gaza.

Líneas

El desequilibrio es tan grande que en 2025, las mujeres apenas representaban el 5% de las personas negociadoras en los 57 procesos de paz analizados, frente al 7% del año anterior, apunta la ONU Mujeres, que también señala su escaso protagonismo en los parlamentos de los países afectados por conflictos, donde solo ocupan el 20% de los escaños. Por si fuera poco, el porcentaje de decisiones del Consejo que incluyeron referencias a cuestiones de género alcanzó en 2025 su nivel más bajo (46,2%) desde 2009.

De la violencia a la pobreza

Todo ello ocurre en un contexto marcado por el “preocupante desplazamiento del Estado de derecho hacia la ley del más fuerte” y por la proliferación de “actores armados estatales y no estatales [que] han convertido la difusión de la misoginia y la supresión de los derechos de las mujeres en una característica definitoria de su actuación”. El texto señala a Afganistán como caso paradigmático de la institucionalización de la represión sistemática de los derechos de mujeres y niñas, aunque también menciona países como Malí o Burkina Faso, donde los grupos terroristas del Sahel recurren al secuestro de mujeres y niñas “como parte de su repertorio de violencia” e “imponen estrictas normas sociales que restringen la apariencia y la presencia de mujeres y niñas en los espacios públicos”.

Cuando se consulta a las organizaciones que trabajan directamente con las supervivientes de violencia sexual, las estimaciones suelen ser entre 10 y 30 veces superiores a las cifras oficiales

Pablo Castillo, especialista en Políticas de Mujeres, Paz y Seguridad de ONU Mujeres

Esta violencia y discriminación se agravan en contextos de desplazamiento forzado, ya que en los países en conflicto, las niñas y las mujeres son las primeras en sufrir sus consecuencias: ellas representaban en 2025 alrededor del 60% de los 117,8 millones de personas desplazadas en el mundo, una situación que las expone especialmente al riesgo de sufrir violencia sexual allí donde esta se sigue utilizando como arma de guerra, como en la República Democrática del Congo o en Haití. “La lista de actores estatales y no estatales implicados en patrones de violencia sexual vinculada a los conflictos alcanza ya los 77 grupos armados”, mientras que los casos documentados “se han multiplicado casi por cuatro desde 2022”, destaca ONU Mujeres. “Una cifra muy inferior a la real. Cuando se consulta a los servicios sanitarios o a las organizaciones que trabajan directamente con las supervivientes, las estimaciones suelen ser entre 10 y 30 veces superiores [a las cifras oficiales]”, advierte Castillo.

Más allá de la violencia directa, mujeres y niñas afrontan también las consecuencias de la destrucción de infraestructuras sanitarias y educativas. En Gaza, donde el ejército israelí mató a 38.000 mujeres y niñas entre octubre de 2023 y diciembre de 2025, y dejó heridas o con discapacidades de por vida a otras 11.000, los bombardeos reiterados contra hospitales, maternidades, “junto a la escasez de suministros médicos, electricidad, combustible, alimentos y agua potable, provocaron una caída del 41% en los nacimientos vivos y un aumento del 300% en los abortos espontáneos”. En materia de educación, los ataques contra infraestructuras escolares en los conflictos armados, que aumentaron en 2024 y en 2025, han dejado sin acceso a la enseñanza a 127 millones de niños, niñas y jóvenes en edad de cursar educación primaria y secundaria. Una realidad especialmente dura para las niñas, que tienen 2,5 veces más probabilidades de no estar escolarizadas que aquellas que viven en entornos exentos de guerras.

La independencia económica de las mujeres en países donde aún impera la cultura patriarcal también se ha visto afectada por el aumento de los conflictos. El informe señala en particular el caso de Oriente Próximo, donde las crisis han “revertido décadas de avances en el empoderamiento económico de las mujeres y agravado las desigualdades de género”, y se estima que entre 34.000 y 56.000 puestos de trabajo ocupados por mujeres en el sector privado están en riesgo inmediato. Las guerras también empujan a muchas mujeres hacia empleos informales, mal remunerados y precarios, una situación que afecta al 80,4% de ellas.

Aunque más de un centenar de países han adoptado planes de acción nacionales y los gobiernos siguen reafirmando la importancia de la participación de las mujeres en la construcción de la paz, las cifras presentadas por el informe pone de manifiesto la distancia entre los discursos gubernamentales que acompañaron el año pasado los actos de conmemoración del 25º aniversario de la Resolución 1325, adoptada por unanimidad por el Consejo de Seguridad y la realidad de los hechos. Esa disposición fue el primer instrumento internacional jurídicamente vinculante que reconoció el impacto desproporcionado de los conflictos armados sobre las mujeres y las niñas, así como la necesidad de incorporar una perspectiva de género en los procesos de paz y en las políticas de seguridad internacional.

El abandono de la agenda que planteaba la Resolución 1325 inquieta al experto que insiste en la importancia del liderazgo femenino para construir paz. “No hemos logrado transformar suficientemente los espacios de poder ni revertir una tendencia preocupante: el incremento sostenido del gasto militar durante más de una década”.

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