El ébola causa ya 5.000 muertos y 10.000 casos mientras el mundo mira para otro lado
La primera víctima mortal de ébola en Kenia recorrió enferma más de 2.000 kilómetros antes de que nadie identificara que estaba infectada por el virus. Salió de Buta, en el noreste de la República Democrática del Congo (RDC), uno de los territorios afectados por la epidemia de ébola Bundibugyo declarada en mayo y, durante tres semanas, atravesó tres países, pasó por al menos 10 ciudades, tomó tres vuelos y un autobús y acudió a varios centros sanitarios. El 17 de septiembre fue atendido en un hospital de Bondo, a unos 210 kilómetros de su punto de partida, con síntomas compatibles con el ébola, y posteriormente en otro de Kisangani, a unos 500 kilómetros de allí. Sin embargo, según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de África (Africa CDC), fue diagnosticado erróneamente con fiebre del Valle del Rift, cuyos síntomas, como fiebre alta o dolores musculares, son similares a los del ébola. Esta madrugada, se han superado los 5.000 muertos por este último brote de ébola.
El recorrido exacto del paciente reconstruido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) ilustra la facilidad con la que un virus puede atravesar fronteras antes de ser detectado: Buta, Aketi, Likati, Bondo, Kisangani, Beni y Kasindi, en la RDC; Kampala y Entebbe, en Uganda; y finalmente Nairobi, en Kenia. Durante su periplo, el enfermo tomó medicamentos para reducir la fiebre y superó todos los controles sanitarios en aeropuertos sin levantar sospechas como posible caso de ébola.

Cuando murió el 5 de octubre en el Nairobi Hospital, a casi 2.200 kilómetros del primer centro médico donde buscó ayuda, su recorrido resumía mejor que cualquier estadística los desafíos del actual brote de ébola. Medio siglo después del descubrimiento del virus, y pese a décadas de experiencia acumulada, la crisis, provocada por la cepa Bundibugyo, ha superado los 10.000 casos confirmados, ha alcanzado este viernes los 5.000 fallecidos y se ha extendido por cuatro países africanos (RDC, Uganda, Kenia y Nigeria, declarado libre tras evacuar a Suiza a la única paciente), poniendo a prueba los sistemas de vigilancia y respuesta construidos durante las últimas décadas para evitar precisamente una expansión de esta magnitud.
Lo que estamos viviendo ahora son los costes de una detección tardía
Jean-Jacques Muyembe-Tamfum, médico y codescubridor del ébola en 1976
Jean-Jacques Muyembe-Tamfum, codescubridor del ébola en 1976, regresa a los primeros días del brote para entender dónde comenzó a fallar el sistema. Este médico y virólogo congoleño de 84 años, que ha viajado a Bunia, epicentro de la epidemia, para evaluar sobre el terreno la respuesta, sostiene que las autoridades sanitarias estaban “preparadas para una amenaza distinta”. La RDC había acumulado décadas de experiencia frente a brotes de la especie Zaire, responsable de 15 de las 17 epidemias de ébola registradas en el país. Bundibugyo, el virus detrás del brote actual, solo había aparecido una vez en la RDC desde su descubrimiento, en 2012. Aunque la zona del noreste del país había reforzado sus capacidades de vigilancia tras una epidemia de ébola Zaire en 2018, “la preparación no incluía capacidad diagnóstica para detectar filovirus distintos del ébola Zaire”, explica Muyembe-Tamfum a este diario desde Berlín, donde acaba de participar en el World Health Summit, una de las citas más importantes de la salud global. Por ello, los primeros casos se confundieron con enfermedades endémicas como la malaria o la fiebre tifoidea.
Pero el retraso diagnóstico fue solo una parte del problema. Según Muyembe, la expansión del virus también se vio favorecida por “la desconfianza de las comunidades, los conflictos armados y la debilidad del sistema sanitario”, factores que contribuyeron a retrasar la declaración de la epidemia. “Lo que estamos viviendo ahora son los costes de una detección tardía”, lamenta. El científico alude así a una crisis que ya se ha convertido en la segunda peor epidemia de ébola registrada y en la de crecimiento más rápido documentada hasta la fecha. La confirmación la semana pasada de un caso en Nigeria demuestra además que el riesgo de expansión regional sigue siendo una de las principales preocupaciones de las autoridades sanitarias.
Virus conocido, brote inesperado
La evolución de la epidemia también ha puesto de relieve las profundas diferencias en la capacidad de respuesta de los países afectados. Mientras la enfermedad sigue expandiéndose en el noreste de la RDC, Kenia ha conseguido mantener bajo vigilancia las cadenas de transmisión detectadas hasta ahora. Las autoridades lograron reconstruir el recorrido del caso índice, como se conoce a la primera persona que introduce una enfermedad en un territorio, y rastrear todos sus contactos, un total de 135 personas. Todos fueron puestos en cuarentena y sometidos a seguimiento epidemiológico.
Según Wessam Abdelazeem Sadek Mankoula, responsable de la respuesta al ébola de Africa CDC, todos los casos detectados posteriormente en el país procedían de esa lista de contactos, incluidos pasajeros del vuelo entre Entebbe y Nairobi, personal del aeropuerto internacional Jomo Kenyatta y familiares y trabajadores sanitarios que atendieron al paciente. Hasta finales de octubre, Kenia había confirmado nueve casos y dos fallecidos. La última, una mujer de 65 años, familiar cercana de la primera víctima keniana.

La experiencia ugandesa es otro ejemplo de éxito. El país declaró el brote el 15 de mayo tras detectar casos importados de la RDC y apenas dos meses después, el 28 de julio, fue declarado libre de ébola tras completar el periodo de vigilancia exigido por la OMS. En total registró 20 casos y dos fallecidos. “En las primeras 24 horas ya habíamos activado nuestro sistema de coordinación, desplegado equipos sobre el terreno e iniciado el rastreo de contactos”, explica a este diario Diane Atwine, secretaria permanente del Ministerio de Salud de Uganda. “No podíamos permitirnos perder tiempo”.
El caso del paciente que murió en Nairobi volvió a poner a prueba esa capacidad: las autoridades ugandesas localizaron a los contactos identificados en su territorio en menos de 24 horas, según Atwine. “Las epidemias locales ya no existen. Lo que ocurre en un distrito del este de la RDC puede convertirse en un problema regional en cuestión de días”, afirma la responsable sanitaria.

Pero esos éxitos conviven con una realidad mucho más preocupante en el epicentro de la epidemia, donde las autoridades sanitarias siguen luchando contra un enemigo difícil de localizar. Según Africa CDC, cerca del 80% de los nuevos contagios proceden de cadenas de transmisión desconocidas y no figuran en las listas de contactos elaboradas por los equipos de vigilancia. “Ese es el principal problema de este brote”, reconoce Mankoula. Cada uno de esos casos implica que el virus ha circulado fuera del radar de las autoridades, alimentando nuevas cadenas de contagio antes de ser detectado.
Las epidemias locales ya no existen. Lo que ocurre en un distrito del este de la RDC puede convertirse en un problema regional en cuestión de días
Diane Atwine, secretaria permanente del Ministerio de Salud de Uganda
Las dificultades no se limitan a la vigilancia epidemiológica. Marie Roseline Darnycka Belizaire, directora de preparación y respuesta ante emergencias de la OMS para África, regresó el 7 de octubre de una visita a las zonas afectadas por el brote. Allí comprobó hasta qué punto persiste la distancia entre los compromisos internacionales y la realidad sobre el terreno. “La provincia de Alto-Uele, con cuatro millones de habitantes, ha gestionado más de 250 casos confirmados sin disponer de un centro estándar de tratamiento para el ébola”, explica. La OMS había desplegado unos 40 profesionales y Africa CDC otros seis, mientras que la presencia de otras organizaciones era mucho más reducida.
Para Belizaire, el principal problema no es la ausencia de planes o estructuras de coordinación. “Tenemos coordinación comunitaria, provincial, nacional, regional y global”, señala. Sin embargo, “seguimos teniendo una dificultad colectiva para transformar las decisiones, los compromisos y los recursos anunciados en los niveles más altos en acciones rápidas en el ámbito de los hogares y las comunidades”. La responsable de la OMS recuerda que, pese a los anuncios de financiación, “las necesidades básicas siguen sin cubrirse” y que los trabajadores sanitarios continúan reclamando equipos de protección sobre el terreno. “El nivel de compromiso que se anuncia a escala global y regional no siempre se refleja en las comunidades afectadas”, advierte.




Muyembe cree que ahí reside una de las grandes lecciones de la epidemia. “Los sistemas internacionales están diseñados para responder a las crisis sanitarias, pero lo que necesitamos son sistemas de salud resilientes”, afirma. La diferencia, sostiene, es que los primeros actúan cuando la emergencia ya ha sido declarada, mientras que los segundos son capaces de detectar y contener las amenazas antes de que se conviertan en crisis.
Lecciones pendientes
Las carencias de financiación, vigilancia y capacidad asistencial explican parte del problema. La otra parte tiene que ver con el propio virus. “Si me hubieras preguntado hace unos años cuál era la especie de ébola menos preocupante, probablemente habría respondido Bundibugyo”, explica a este diario Mark Feinberg, presidente de IAVI, la organización que participa en el desarrollo de una de las principales vacunas candidatas frente a esta variante.
Hasta ahora, Bundibugyo había provocado brotes relativamente limitados y nunca una epidemia de la magnitud actual. A diferencia de la especie Zaire, responsable de la mayoría de las grandes crisis de ébola registradas en África, no dispone de una vacuna aprobada ni de tratamientos específicos. IAVI trabaja en una vacuna candidata basada en la misma plataforma que Ervebo, la vacuna aprobada frente al ébola Zaire. Otras candidatas, desarrolladas por Moderna y la Universidad de Oxford, se encuentran en fases iniciales de investigación clínica.
Si me hubieras preguntado hace unos años cuál era la especie de ébola menos preocupante, probablemente habría respondido Bundibugyo
Pero disponer de una vacuna no resolvería por sí sola todos los problemas. “Simplemente tener una vacuna eficaz no es la solución”, advierte Feinberg, que insiste en la importancia de conseguir la confianza de las comunidades para que acepten vacunarse. La semana pasada, una enfermera fue asesinada y un sanitario resultó gravemente herido tras ser acusados de expandir el ébola por un grupo de manifestantes en Bafwasende, en el noreste de la RDC. “Creo que esta epidemia nos ha obligado a replantearnos algunas ideas preconcebidas sobre el riesgo que representaba Bundibugyo”, añade el presidente de IAVI.

La idea de que una amenaza conocida puede ser infravalorada durante años ocupa también un lugar central en un informe publicado esta misma semana por The Independent Panel for Pandemic Preparedness and Response, un grupo internacional creado para examinar la preparación mundial frente a futuras pandemias. La investigación sostiene que la mpox, identificada por primera vez en humanos en 1970, pasó de ser una enfermedad ignorada en África central y occidental a registrarse en cerca de 150 países y provocar dos emergencias sanitarias internacionales porque las señales de alerta fueron desatendidas durante años y la inversión en vigilancia, diagnóstico, investigación y preparación no estuvo a la altura del riesgo. La respuesta internacional solo se aceleró cuando comenzaron a detectarse casos en Europa y Norteamérica en 2022. Para entonces, advierte el panel, el mundo había perdido una oportunidad histórica de contener la enfermedad.
La investigación alerta de que esa respuesta tardía permitió algo especialmente preocupante: que los propios seres humanos se convirtieran en “reservorios del virus”, favoreciendo su circulación sostenida fuera de las zonas donde era endémico. Los autores citan expresamente el actual brote de ébola Bundibugyo como ejemplo de una dinámica similar. Enfermedades conocidas desde hace décadas siguen encontrando espacios para expandirse cuando la vigilancia, la investigación y la preparación no avanzan al ritmo del riesgo. “Las emergencias evitables son una señal de fracaso”, concluye el panel.
De hecho, todavía quedan incógnitas fundamentales. Muyembe recuerda que ni siquiera está claro cuál es el reservorio animal de Bundibugyo. “No creemos que el reservorio del ébola Zaire sea el mismo que el de Bundibugyo. Puede ser diferente”, explica. Los investigadores estudian murciélagos, roedores y animales domésticos en las zonas afectadas, al tiempo que analizan si algunas de las vacunas y tratamientos desarrollados frente al ébola Zaire podrían ofrecer cierto grado de protección frente a esta variante.
Medio siglo después de que Jean-Jacques Muyembe participara en la identificación del ébola en Yambuku, en el entonces Zaire, la ciencia ha avanzado enormemente en su conocimiento. Y, sin embargo, un enfermo ha podido recorrer más de 2.000 kilómetros y atravesar tres países sin que nadie detectara que estaba infectado.

