Los hutíes de Yemen amenazan el bastión gubernamental de Taiz y la región petrolera de Marib

La ofensiva de los rebeldes hutíes para apoderarse de territorio en Yemen amenaza ya dos bastiones clave aún en manos del Gobierno internacionalmente reconocido del país: la ciudad meridional de Taiz y la región central de Marib. Este viernes, aviones gubernamentales yemeníes han ejecutado con apoyo saudí una veintena de ataques contra posiciones de los milicianos en diversas localidades, incluidos los suburbios de Taiz, la tercera urbe más poblada de la nación árabe y un nudo vital de comunicaciones cerca del mar Rojo. Los milicianos amenazan también Marib, que alberga los principales yacimientos de petróleo y gas del país. Si estos rebeldes chiíes arrebatan a las fuerzas gubernamentales el control del maná de los hidrocarburos, el curso de la guerra civil en Yemen podría inclinarse a su favor.

Los hutíes siguen al mismo tiempo golpeando a su némesis regional, el país que lidera la coalición que apoya al Gobierno yemení, Arabia Saudí. Riad ha asegurado haber destruido en esta jornada varios misiles balísticos lanzados por los milicianos contra Jazán, en la costa saudí del mar Rojo, cerca de instalaciones energéticas atacadas reiteradamente en las últimas semanas. También contra Jamis Mushait, en el suroeste, sede de una base de la fuerza aérea saudí. Riad ha acusado también a los hutíes de atacar un transformador eléctrico en la ciudad santa para los musulmanes de Medina, un hecho que los rebeldes han negado rotundamente.

Los hutíes presionan los bastiones de Taiz y Marib (Mapas de ubicación)

La guerra abierta entre los hutíes y las fuerzas gubernamentales con respaldo saudí se reanudó el pasado mes de julio, tras cuatro años de pausa inestable propiciada por el alto el fuego rubricado por ambos en 2022. Esa tregua no acabó con el conflicto, pero sí dejó en el limbo las hostilidades que estallaron entre ambos en 2014, cuando los hutíes se hicieron con la capital, Saná, un año antes de que Arabia Saudí se implicara en favor del Gobierno en una guerra en la que los hutíes se revelaron un enemigo no tan pequeño.

El 13 de julio, las fuerzas gubernamentales yemeníes bombardearon la pista de aeropuerto de Saná para impedir el aterrizaje de un avión en el que viajaba la delegación hutí que había asistido al funeral del líder supremo de Irán, Ali Jameneí. Ese ataque y la posterior réplica hutí avivaron los rescoldos de la guerra. Los hutíes lanzaron entonces una ofensiva relámpago que les permitió tomar en unas pocas semanas más de 160 kilómetros de la costa del país en el mar Rojo, incluida la ciudad de Moca y la isla de Mayún.

La toma de esas dos plazas permitió a los milicianos amenazar el tráfico marítimo por Bab el Mandeb, el estrecho por donde en tiempos normales transita el 30% del tránsito mundial de contenedores y alrededor del 8% del petróleo del planeta. Con el otro estrecho vital en la región, el de Ormuz, cerrado por su aliado iraní, ese control colocó en un serio aprieto a Arabia Saudí, que había estado utilizando esas aguas como alternativa a Ormuz para exportar su petróleo.

La ciudad ahora amenazada, Taiz, está a solo 100 kilómetros de Moca y conecta el norte controlado por los hutíes -un tercio del país donde vive el 70% de la población yemení- con el sur bajo la férula del Gobierno. Sobre todo, Taiz es una puerta vital y un nudo de comunicaciones clave, cercano al mar Rojo, que permitiría a los rebeldes proteger su retaguardia y afianzar su dominio sobre el crucial estrecho de Bab el Mandeb.

El jueves, los hutíes lograron cortar brevemente la carretera que une Taiz con Adén, la capital de las fuerzas gubernamentales. Estas respondieron con los bombardeos de esa jornada y de esta madrugada para liberar esa vía terrestre. Si esa carretera cae en manos de los rebeldes, estos se apuntarían un tanto importante en su objetivo final: “Gobernar todo el país y lograr un ventajoso acuerdo económico con Arabia Saudí”, resume por teléfono desde Londres Fernando Carvajal, exmiembro del Grupo de Expertos para Yemen del Consejo de Seguridad de la ONU.

Los hutíes pretenden, según este experto, “chantajear a Arabia Saudí” y obtener de los saudíes un acuerdo aún más ventajoso que el que ahora disfruta el Consejo de Liderazgo Presidencial, el Gobierno internacionalmente reconocido de Yemen. Riad no solo lo apoya militarmente, sino que también paga los salarios de sus funcionarios y le proporciona otras partidas económicas, a través de de una institución opaca bautizada como Programa Saudí de Desarrollo y Reconstrucción para Yemen.

Gas y petroleo

La otra región donde se han recrudecido los combates, Marib, es también vital dentro de ese propósito de apoderarse de todo Yemen, explica Carvajal. Allí, en la zona aún controlada por el Gobierno, están los principales yacimientos de petróleo y de gas del país, una de las escasas fuentes de riqueza del país, si bien inoperativa desde 2022. Hace ahora cuatro años el Ejecutivo yemení suspendió las exportaciones de hidrocarburos, precisamente a causa de los ataques hutíes contra la infraestructura petrolífera del país.

Sin esos yacimientos “no hay economía en Yemen”, recalca Carvajal. Si los hutíes lograran controlar el maná de los hidrocarburos, ese avance podría cambiar el rumbo de la guerra a su favor y forzar “al resto de actores del país”, incluida Arabia Saudí a cerrar un acuerdo en condiciones ventajosas con Ansar Allá (Partidarios de Dios), el nombre real de los hutíes. En julio, el Ejecutivo reconocido yemení anunció su intención de reanudar las exportaciones de petróleo del país.

“Si no sufren una derrota aplastante en Marib, seguirán luchando para tomar esa zona”, cuyo control ha sido uno de sus principales objetivos desde hace décadas, aseguró a Al Jazeera el experto yemení Saddam al Huraibi. Este especialista coincide con Carvajal en que, si toman Marib, la milicia estaría en ventaja a la hora de negociar condiciones favorables en cualquier futuro proceso de mediación para poner fin a la guerra.

Crisis humanitaria

La ofensiva de los hutíes para tomar Taiz y Marib tiene otra dimensión: la humana. De hecho, su avance ha ahondado ya la grave crisis de hambre y necesidad extrema que sufren los yemeníes. Un comunicado de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) alerta este viernes de que los combates entre los rebeldes y las fuerzas gubernamentales han desplazado forzosamente hasta ahora a casi 150.000 personas.

Para muchas de ellas, esta no ha sido la primera vez que se han visto obligadas a huir prácticamente sin nada. Tanto Taiz como Marib están cerca de las líneas del frente y decenas de miles de personas que escaparon de los hutíes se asentaron en esos lugares, quizás con la esperanza de volver un día a sus casas. En el caso de Marib, a lo largo de los años, la ciudad ha acogido a personas desplazadas de áreas que habían caído bajo control hutí desde que estos tomaron Saná en 2014. La OIM alertó en 2023 de que, de los 2,8 millones de desplazados internos en el país árabe, más de la mitad estaban en Marib.

Tantos años de guerra en un país de por sí paupérrimo y desértico han tenido como una de sus consecuencias que en su suelo no crezca ni se cultive apenas nada. El 90% de los alimentos que consumen los alrededor de 35 millones de yemeníes se importan. Según la ONU, al menos 18,3 millones de habitantes de la nación árabe afrontan una inseguridad alimentaria aguda. Más de dos millones son niños y, de ellos, 500.000 sufren la forma más grave de malnutrición aguda, la que amenaza directamente con matarlos de hambre.

Elpais News