El sindicalismo alternativo toma vuelo con las Inquilinas en dirección a la huelga general

La portavoz del Sindicato de Inquilinas, Alicia del Río, intervino este miércoles en una rueda de prensa en Madrid para oficializar el acuerdo para ir a una huelga general por la vivienda el 11 de noviembre. “Empieza un nuevo ciclo político donde el sindicalismo de base, el poder popular, marca el programa de lucha y la forma organizativa”, dijo, sentada junto a representantes de CGT, CO.BAS y Solidaridad Obrera. CC OO y UGT también iban a participar, pero una confusión a la que todas las partes quitan importancia frustró su presencia (en la rueda de prensa de Cataluña sí estuvieron todos). Del Río también indicó que van a trabajar para que la huelga sea “de base”, insistiendo en un concepto que diferencia a unos sindicatos de otros. Las organizaciones más pequeñas y con menos representantes en las empresas han tomado protagonismo en los últimos días por su apoyo al paro desde antes de que CC OO y UGT dieran el paso este lunes.

Esas centrales dicen que antes ya manejaban la idea de convocar un paro general, pero el impulso de las Inquilinas y de sindicatos laborales más pequeños ha sido clave para que los mayoritarios den el paso. Es más, el Sindicato de Inquilinas dejó claro el lunes por la mañana que la huelga general por la vivienda se haría con o sin ellos. “Va a seguir porque ya tenemos los acuerdos con CGT, con el sindicalismo combativo. Se va a conseguir que ellos [en alusión a CC OO y UGT] vengan”, dijo Del Río a EL PAÍS. Para entonces la decisión de los líderes de las organizaciones mayoritarias ya estaba tomada, según fuentes sindicales, pero aún no había sido refrendada en los órganos directivos.

Así, la Confederación General del Trabajo ya daba el respaldo como sindicato laboral a la huelga que reclamaba el Sindicato de Inquilinas, una asociación sin delegados en las empresas ni presencia en los comités, al no ser un sindicato laboral como tal. El sindicato anarquista CGT, sin embargo, sí participa en la negociación colectiva. En 2025, según la estadística del Ministerio de Trabajo, formó parte de la firma de 51 de 1.017 convenios colectivos, frente a los más de 600 que acordaron UGT o CC OO.

Convenios firmados en 2025 en España (Gráfico de barras)

Nuni Seva, miembro de la Confederación de Sindicatos de Inquilinas (que agrupa a las unidades de este colectivo en distintas ciudades), dice a EL PAÍS que es común que sus integrantes compatibilicen la afiliación a sindicatos laborales con su organización. “Animamos a ello, que estén en un sindicato de clase y también en uno de inquilinas. Da igual el sindicato que sea, mientras que sea de clase, porque los derechos se ganan con presencia en los centros de trabajo. Allí donde hay más sindicalistas, como Euskal Herria, se nota en los derechos conseguidos”, explica. Dice que algunos miembros forman parte de CGT y también de otros sindicatos laborales.

Miguel Fadrique, secretario general de CGT, reivindica el papel de su organización en el impulso a la huelga general por la vivienda: “Tanto nosotros como Solidaridad Obrera o CO.BAS llevamos un montón de años mano a mano con el Sindicato de Inquilinas. El año pasado ya acordamos que cuando ellas quisieran dar el paso, nosotros íbamos a ir adelante”. Subraya que son “una herramienta de la clase trabajadora” y que se han puesto a disposición de “las reivindicaciones de la gente, que ahora más que nunca está pidiendo una vivienda digna”.

Huelga general

La convocatoria de huelga general es un momento importante para CGT, tras un congreso en el que se visibilizó una profunda fractura en el sindicato: Fadrique ganó con 689 votos, frente a los 639 de su rival. El líder reconoce que fue un congreso “tenso”, pero que una vez superado todos van a una a por la huelga general. CGT dice tener 110.000 afiliados, muy lejos del millón de afiliados con los que cuenta cada uno de los grandes sindicatos, CC OO y UGT. CGT dice que tiene 7.000 delegados; CC OO, 118.000; y UGT, unos 110.000.

Otro sindicato mencionado por Fadrique, Solidaridad Obrera, también da respaldo al paro general. “Los sindicatos combativos estamos a nivel de calle, en acampadas como la de la Puerta del Sol. Nuestro apoyo a las inquilinas no es cosa de hace cuatro días, estamos con ellas desde hace años”, dice Álvaro Ferreira, secretario de acción social. Reivindica que en su sindicato no hay “liberados sindicales” y que no aceptan “subvenciones del Estado pese a tener derecho a ellas, por los miembros que tenemos en comités de empresa; creemos que nos tenemos que financiar con cuotas de afiliados y afiliadas”.

Este es un discurso que enerva a los sindicatos mayoritarios, que reivindican su músculo y esfuerzo para conseguir avances en derechos tanto empresa a empresa como en el diálogo social, influyendo en la elaboración de leyes. Es habitual que las centrales pequeñas carguen contra CC OO y UGT, sobre todo cuando se acercan las elecciones sindicales de algún sector o empresa.

Solidaridad Obrera es un sindicato muy pequeño, con 5.000 afiliadas y en torno a 150 delegados. Nace a partir de algunas miembros de sindicatos anarquistas como la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), que emitió un comunicado este jueves en el que cataloga como “histórica” la “confluencia sindical” lograda por el Sindicato de Inquilinas.

También respalda el paro Comisiones de Base (CO.BAS), una escisión de CC OO que en 2006 tomó su propio camino en desacuerdo con la línea que mantenía entonces el sindicato, particularmente en el sector de telecomunicaciones. Ahora aspiran a ganar presencia en todos los sectores. “Nada de lo humano nos es ajeno, ni la sanidad ni la educación ni nada. La vivienda es parte de nuestro salario y lo vemos en el día a día. Vamos de la mano del Sindicato de Inquilinas, que es la vanguardia del movimiento por la vivienda”, dice Andrea Zayas, de la dirección estatal de CO.BAS.

También es un sindicato pequeño, con “varios miles de afiliados” según Zayas, que no da más concreción a la cifra, y 400 delegados. Subraya la importancia de “construir la huelga general desde abajo para paralizar el país” y reivindica las diferencias que ve en el enfoque de su sindicato con el de CC OO y UGT: “Nosotros creemos que un sindicato no es solo cobrar una nómina o ir a un juicio, es una herramienta de la clase obrera para defendernos. No es normal que no hayan convocado una huelga general en 14 años”.

La última huelga general es más reciente, la del 15 de octubre del año pasado en protesta por la masacre israelí en Gaza, convocada por sindicatos como CGT y en la que CC OO y UGT apostaron por paros parciales. El paro general apenas tuvo seguimiento, al carecer del apoyo de las grandes centrales de clase, lo que da la medida de la importancia de que se hayan apuntado al de la vivienda. La Confederación de Sindicatos de Inquilinas sí dio su apoyo público a esa huelga general: “El 15 de octubre lo paramos todo porque parar un desahucio es igual que para una limpieza étnica”.

Seva, de la Confederación de Sindicatos de Inquilinas, considera que “el conflicto de clase más importante que hay ahora mismo es el del alquiler” y que ahí la clase trabajadora “puede construir un espacio”. Y subraya que su lucha va más allá: “También salimos a la calle en las huelgas feministas, por ejemplo, con la importancia que tiene la dimensión de la vivienda para las mujeres monomarentales”.

Como su compañera Del Río, llama a la construcción de un sindicalismo “de base”: “No estamos inventando nada, hablamos de recuperar la idea original del sindicalismo. Los ricos tienen el dinero, el poder y los medios de comunicación. Lo que puede tener el sindicalismo es la mayoría porque somos más”. “Queremos construir”, continúa, “una forma de sindicalismo donde el protagonismo no sea del sindicato y sus estructuras, sino que sea algo más participativo”. Defiende que “si construyes una masa de sindicalistas de base puedes conseguir lo que te propongas”.

Más allá de los sindicatos mencionados (CC OO, UGT, CGT, CNT, CO.BAS y Solidaridad Obrera), el movimiento de las Inquilinas ya ha conseguido que se posicionen a favor del paro general otros sindicatos laborales, entre los que destacan los vascos LAB y ELA, los gallegos CIG y CUT, el andaluz SAT, el aragonés SOA, la Confederación Intersindical, el Sindicato de Estudiantes o Alternativa Sindical de Clase. También hay algunos que se han posicionado en contra, la mayoría de carácter corporativo y no de clase. Es el caso del sindicato de funcionarios CSIF, el de educación ANPE, el ferroviario Semaf o el de transporte SLT, así como Fetico o USO. El de médicos Amyts y el de enfermeras Satse de momento no aclaran su posición.

Elpais News