Todos los mandamientos de la Ribeira Sacra
Hablas con cualquiera en la Ribeira Sacra y lo primero que menciona es el vino y los paseos en barca como grandes atractivos de esta región del interior de Galicia. Por los ríos Sil y Miño se navega, existen catamaranes gestionados por la Diputación de Lugo y lanchas privadas para ver desde el agua los bosques de castaños y robles, los cañones fluviales, los acantilados y los miradores, las iglesias románicas entre la vegetación y los viñedos en bancales. Pero hay mucho más que hacer sin aferrarse a la naturaleza en esta zona que comprende el norte de Ourense y el sur de Lugo, donde se asentaron monjes desde el siglo VI y que cuenta con un clima más continental, más mediterráneo en ocasiones, donde crecen olivos, cerezas, cítricos…
Dentro del parador
Una referencia en Monforte
El monasterio de San Vicente do Pino y el palacio de los Condes de Lemos albergan el parador de Monforte de Lemos, que se ubica en lo alto de esta villa de 18.933 habitantes (INE, 2025), la capital de la Ribeira Sacra. Inaugurado en 2003, acaba de reabrir tras llevar a cabo mejoras en la climatización y una redecoración de las habitaciones, el restaurante y el comedor.
Cambio de época
Los orígenes de este monasterio benedictino se encuentran en el siglo IX, aunque el edificio actual se construyó entre 1626 y 1802 en estilo barroco y neoclásico. La portada, que supone la entrada a este hotel de 50 habitaciones, es renacentista. Esther González, la directora, dice que los clientes (un 30% de extranjeros) escogen el parador como un punto de partida para descubrir las riberas del Miño y el Sil.
Centralizar la actividad
El parador se organiza alrededor del claustro, de estilo neoclásico. Las galerías porticadas de la planta baja cuentan con mesas y sillas en los que tomar algo o comer raciones y bocadillos. La zona central al aire libre también supone una extensión de la cafetería. El hotel dispone de gimnasio, ‘jacuzzi’ y piscina exterior. Aunque esté en un alto, se va andando a la ciudad, todo queda a mano.
Lo que se espera de Galicia
En la carta destaca la gastronomía gallega con especial atención a platos vinculados al interior de la región, como el pulpo, que se cocina en un horno de brasas y se sirve con una ajada y patata cítrica. La carrillera al vino de mencía de la Ribeira Sacra incluye otro de los productos más representativos de la zona. La empanada y el caldo siempre captan la atención de los clientes nacionales de fuera de Galicia.
Carro de postres
El restaurante, un espacio con techos de madera al que se le han añadido elementos modernos como unas luminarias circulares, tiene vistas a la torre del homenaje y a Monforte de Lemos. Ander Villanueva, jefe de sala, prepara un plátano asado a la brasa con mantequilla y helado enfrente de los clientes. Requesón con miel de la zona y filloas caramelizadas se encuentran también en la carta de postres.
El parador de Monforte de Lemos, en lo alto de la capital de la región (18.933 habitantes, INE 2025), se ubica en un monasterio benedictino. Se inauguró en 2003, y desde entonces, como indica Esther González, su directora, ha contribuido al desarrollo de la zona: más turistas, más actividad, más oferta de planes. El propio parador entra en el circuito de monumentos que visitar, con su claustro neoclásico y las galerías porticadas. A todas horas hay alguien, clientes alojados, algún monfortino que va a tomar café, visitantes de paso… Amigos de Paradores, que se alojan en el de Santo Estevo (en la parte de Ourense) y luego se trasladan al de Monforte (ya en Lugo). Todo forma parte de lo mismo.
Actividades para todos en un entorno natural
Visitas culturales, turismo sostenible, dinamización del lugar… Cómo sacarle el máximo partido a la zona en la que se ubica el parador de Monforte de Lemos
Desde el parador de Monforte de Lemos, a 15 minutos andando, se encuentra el colegio de Nuestra Señora de la Antigua, construido en estilo herreriano en 1593 y con 110 metros de fachada. La antigua sacristía alberga una pinacoteca con dos obras de El Greco. La aparición de la Virgen a San Lorenzo, de una etapa temprana, todavía muestra un estilo alejado de las figuras alargadas y enjutas que caracterizan al pintor. En la otra obra en exposición, Fray León meditando sobre la muerte, no se duda delante de quien se está. Tan valiosos cuadros pertenecieron a la colección del cardenal Rodrigo de Castro, que formó parte del séquito de Felipe II y fue el gran mecenas de Monforte de Lemos. En la iglesia de este colegio a cargo de los Escolapios y fundado por el cardenal hay un retablo esculpido en madera de nogal sin policromar de Francisco de Moure (1625). Hay que asomarse y plantarse delante. Monforte cuenta también con un museo de arte sacro, en el convento de Santa Clara. Conviene ir directo al Cristo yaciente del escultor barroco Gregorio Fernández. Arte que justifica una mañana o una tarde en la ciudad, y no hace falta esperar a que llueva.
Con buen tiempo y con nubes, de cualquier manera (el paisaje nunca pierde interés), salen las embarcaciones de Belesar para recorrer el río Miño. Michele Salucci, un florentino asentado en la Ribeira Sacra, conduce una lancha río abajo. “Paras el motor y el silencio te rompe los oídos”, describe. El cauce del Miño va ensanchándose, es más una balsa, las laderas que delimitan el cauce son más tendidas que las de su afluente el Sil, que crea cañones, acantilados. Sobrecoge alzar la vista adonde se encuentran los miradores.
Salucci para en un recodo para que los visitantes se bañen. Señala unas vides de época romana, “esas de ahí son medievales”, dice, todas crecen en bancales orientadas al sur, los racimos se cortan a mano, las bodegas se levantan en dirección al norte, en busca del frescor. La vendimia este año ha sido más temprana que nunca, apunta. “Les cuento cosas pero tampoco les doy mucho la chapa”, advierte. En el agua viven truchas y anguilas. Los árboles que pronto cambiarán de color son castaños y robles. “La gente goza tanto en el paseo que venir aquí y no hacerlo es un delito”, insiste este guía satisfecho con la vida rural que lleva en Chantada, donde reside desde hace siete años. “No te aburres. Estrés tenía antes en la ciudad. Aquí me conocen, soy el italiano, para lo bueno y para lo malo”, afirma.
Sin salir de la ciudad
La guía Beatriz Pérez, de Mais Que Románico, cuenta en el paseo del Malecón, un caminito que transcurre por la ribera del Cabe, el río que atraviesa Monforte, que los visitantes cambian en función de la época del año. En otoño se potencia el senderismo, las rutas micológicas. El cliente tiene un perfil más cultural, atraído por el arte, por el románico de la zona. “Buscan algo más”, resume. “La explosión de colores de los viñedos en octubre es impresionante”, apunta González, la directora. En verano, y el verano dura, las actividades están más ligadas al río, al baño, al paseo en barca, Salucci contesta siempre al teléfono para organizar una salida, el catamarán de la Diputación de Lugo opera hasta diciembre. Los peregrinos suelen elegir la primavera para hacer el poco transitado Camino de Invierno, que comienza en Ponferrada (León). “Vienen muchos canadienses”, afirma Pérez. Uno se lo habrá dicho a otro, es la única razón de que lleguen tantos de un país del que poco se habla.
La gastronomía, señala Pérez, adquiere más peso según se va dejando el verano atrás: los cocidos, los cortes de la vaca rubia gallega acompañados de castañas… Las brasas de la cocina del parador están encendidas todo el año para asar pulpo, un lomo de ternera de 300 gramos o puerros. A Paradores le gusta introducir variantes regionales en platos clásicos. El sándwich club, uno de los mayores placeres al que puede optar el que pide mesa para uno en un hotel un martes mientras ve un partido de Champions, lleva lacón en lugar de beicon. Todo resulta excelente.
Amparo, Ander y Mónica recomiendan
“Uno de los miradores que más me gusta de la zona es el del Duque. Hay mucha altura, al fondo discurre el río Sil y enfrente se ven las montañas. Muy cerca hay una capilla. Queda como a 15 kilómetros del parador. Por la zona hay bodegas y restaurantes.”
“A Fervenza de Augacaída, un salto de agua de unos 40 metros, se llega a pie por una ruta de unos seis kilómetros. El paisaje es una pasada, naturaleza pura. A mí me gusta ir con los perros, llevarme un bocadillo y bañarme. Hay agua todo el año.”
“La Ribeira Sacra se caracteriza por sus viñedos en bancales, lo que se conoce como viticultura heroica. Se encuentran en la ribera del Sil y del Miño. Los colores del paisaje en otoño son espectaculares. También la luz. Es una época muy buena para venir.”
El sector del vino tiene peso en la ciudad. La Oficina de Turismo cohabita en un edificio del siglo XVIII (un antiguo hospital) con el consejo regulador de la DO Ribeira Sacra y el Centro del Vino, un museo. Pérez recuerda que antes el calzado fue una industria muy importante. Y en un tiempo más pasado, el ferrocarril transformó la comarca desde que llegó en 1883 y convirtió a Monforte en el punto de unión entre Madrid y A Coruña. El declive de la ciudad en los años 50 y 60 por la apertura de nuevas líneas de tren en otros lugares propició una fuerte emigración, recuerda Pérez. En el Museo del Ferrocarril de Galicia, ubicado a las afueras de la ciudad, se amplía todo y se exhibe como gran reclamo la rotonda con 38 vías radiales que servía para que las locomotoras cambiaran de sentido.
La cafetería del parador, redecorada este año, tiene una muestra de cerámica negra de Gundivós, una parroquia de Sober a 10 kilómetros de Monforte. Elías González es el último alfarero de la zona. Antiguo futbolista semiprofesional, en 2003, con 28 años, les dijo a sus padres que quería trabajar el barro. “Me dijeron que estaba loco”, cuenta. Adquirió y reformó una casa rectoral del siglo XVIII y la convirtió en vivienda y taller. “Cuando hago una pieza no pienso. Todas son distintas”, explica mientras hace girar el torno bajo, una herramienta de trabajo propia de Gundivós.
Su trabajo más reconocido son unas jarras de vino que impermeabiliza con resina en polvo tras haberlas calentado previamente al fuego, lo que explica el color negro característico de esta cerámica. También fabrica unos enfriadores de botellas que funcionan como los botijos, un sustituto de las cubiteras de los restaurantes. El vino aparece por todos lados en esta región. Y eso sin hablar de la veintena de bodegas adscritas a la DO Ribeira Sacra que se pueden visitar en la Ruta del Vino desde 2010, un programa del que González es uno de los fundadores.
Galicia, en 13 paradores
Créditos
Redacción y guion: Mariano Ahijado
Coordinación editorial: Francis Pachá
Fotografía: Óscar Corral
Diseño: Juan Sánchez
Desarrollo: Rodolfo Mata
Coordinación producto: Adolfo Domenech

